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Psiquiatría

Síndrome de Tourette: cuando se pierde el control

Por: Dr. Eduardo Manuel Cortina Mendoza
26 de Diciembre · 1812 visitas
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El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por la presencia de tics vocales y motores múltiples. Estos tics suelen aparecer en la niñez, entre los 5 y los 10 años, alterando de manera progresiva, el funcionamiento diario de la persona.

Síndrome de Tourette: ¿qué es un tic?

Un tic se define como un movimiento involuntario estereotipado y repetitivo, que puede ocurrir, en el caso de este síndrome, de manera motora y/o vocal.

  • Tics motores: pueden ser, por ejemplo, guiñar o pestañear, sacudir la cabeza, realizar muecas, mover los hombros, realizar movimientos obscenos, entre otros.
  • Tics vocales: pueden manifestarse como carraspeos, gruñidos, silbidos, gritos o el uso involuntario de lenguaje (frases o palabras) socialmente inapropiado.

Causas y diagnóstico del Síndrome de Tourette

Hasta la fecha no se conoce la causa del síndrome de Tourette. Sin embargo, los estudios refieren que su aparición se explicaría como el resultado de la interacción entre múltiples genes, factores ambientales y una alteración en la neurotransmisión cerebral.

La inexistencia de pruebas laboratoriales e imagenológicas específicas hacen que la evaluación clínica especializada sea la única herramienta diagnóstica para este síndrome.

El diagnóstico se realiza determinando la presencia, en conjunto, de tics motores y vocales durante un promedio de un año de evolución, los cuales no se encuentran asociados a otra patología. El estudio clínico de la evolución de los síntomas y antecedentes permite realizar un correcto diagnóstico y un abordaje interdisciplinario adecuado.

Tratamiento del Síndrome de Tourette

El síndrome de tourette puede generar múltiples conflictos sociales en el paciente y, por tal motivo, es importante que la familia y los entornos cercanos participen en el tratamiento.

El manejo interdisciplinario basado en el tratamiento neuro psicofarmacológico y psicoterapéutico mejoran el curso y pronóstico de la enfermedad permitiendo que la persona pueda desarrollarse bien con su entorno personal y social.